Etapa 4 Pasto-El Bordo

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El recorrido Pasto-El bordo estuvo lleno de colores y cielos despejados. Los primeros kilómetros de la ruta los hicimos en carro, pues es un descenso largo, peligroso y con mal estado de las carreteras. Para evitar malos  momentos decidimos empezar a pedalear justo después de la bajada, empezando con el primer premio de montaña de la etapa.

En la mitad de la subida nos encontramos con el centro educativo La Llana, todos los niños de las escuela estaban con banderines esperando ansiosamente el paso de La Vuelta a Colombia. Nos detuvimos a hacer un corto taller con ellos y a entregar las cartillas ¡Pedalea Colombia!. Es increíble la gran acogida que estas cartillas han tenido, los niños se emocionan mucho al ver los dibujos, al leer la historia y al imaginar los colores con los que la van a llenar. Sellamos nuestro encuentro con los niños haciendo un pacto, un pacto que seguramente se mantendrá latente en el corazón de todos, un pacto en el que prometemos ser Guardianes del agua y de la vida. Toda la emoción que despierta en nosotros estar con los niños y ver este sueño convertido en realidad fueron el aliento suficiente para que la “Amenaza Pedraza” volviera a tomar su bicicleta, sin importar el pequeño accidente de la noche anterior.

Al continuar con el pedaleo, las montañas empezaron a cambiar, el paisaje de colchas de retasos típico de las montañas de Nariño comenzaron a transformarse en bosques pequeños y achaparrados, el calor empezó a sentirse más imponente, los cactus se volvieron dominantes en el paisaje y las carreteras empezaron a llenarse de frutas jugosas y apetitosas.

La población de Remolino (Nariño) nos recibió con una jugosa sandia y un delicioso almuerzo. Luego se acercaron a nosotros los hermanos Ordoñez, quienes al recibir las cartillas sacaron colores y llenaron de vida y encanto cada una de las páginas que iban encontrando.

Después de recargar energía y retomar fuerza seguimos pedaleando hasta llegar al valle del río Patía. La vegetación de estos ecosistemas secos nos cautivó con su fortaleza y resistencia  a condiciones extremas. Los cactus alcanzan alturas de más de 5 metros, los ríos se ven como pequeños hilos de agua, el estrés fisiológico causado por el calor se sentía en todo nuestro cuerpo!!!! Mientras pedaleábamos discutíamos acerca de los Bosques Secos de Colombia, de las similitudes del valle del Patía con el valle del Chicamocha, de la falta de investigación que hay en estos bosques, de todo lo que hay por hacer y aprender en estos ecosistemas!!!!! De la impresionante fuerza que se ve tanto en sus gentes como en sus plantas y animales!!!!

La noche comenzó a caer y nosotros seguíamos pedaleando el Valle del Patía, impresionados por la increíble belleza de este lugar, antojados de estudiar y trabajar más para la conservación de estos bosques y asombrados por la resistencia de sus habitantes a la falta de agua.

Finalizada la etapa, viajamos a Popayán. Nos recibió una bonita familia de patojos, quienes nos ofrecieron su casa para descansar, comer y prepararnos para el siguiente día de pedaleo.

Más fotos en:
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