Etapa 3 Ipiales-Pasto

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Se siente la alegría que trae la Vuelta a Colombia a los lugares por donde pasa. Todos esperan con sonrisas, banderines, flores y palabras de ánimo a los deportistas. Hoy fue la primera etapa en territorio colombiano y la emoción aumenta.

Hace diez años no pasaba la Vuelta a Colombia por estas carreteras y se siente la expectativa acumulada por tanto tiempo en el ambiente. El paso de los ciclistas es, sin duda, una fiesta. La gente sale a la a esperarlos, cada cual busca el punto ideal. Casi siempre hay por lo menos uno, que con la oreja pegada a un radio informa a los demás lo que está sucediendo: -“vienen en el puente”

El resto hacen predicciones: -“Eso debe faltar una media hora”
-No, mucho menos, si van rápido…

Y con este panorama que infla la expectativa, se genera una emoción que cada vez que pasa algún vehículo o bicicleta explota en gritos de ánimo, saludos y agite de banderines.

 Teníamos una cita, pero no lo sabíamos
La parada de los del equipo Técnico/Registro/Subidor de ánimo, que viaja en el carro fue motivada por el querer tomar una fotografía. Era un gran punto ese, desde el que se veía un tramo de la carretera que cruzaba la montaña de en frente más abajo.

Ya estábamos listos para seguir y rumbo al carro nos encontramos con un ciclista.

-“¿Va de subida?”
-“No, es que estoy esperando a la caravana de los ambientalistas” responde el hombre.
-“¿Ambientalistas?
-Sí, escuché en la radio que vienen desde Quito y quisiera pedalear con ellos un tramo, sé que salen antes que los deportistas, pero no los he visto pasar.
-Somos nosotros…

Así fue como conocimos a Jorge Emilio, quien guió la forma en la que se desarrollaría gran parte de nuestro día. Mientras esperábamos a Speedy González, El Conejo Volador y la Amenaza Pedraza, conversamos un rato con él.

Nos contó que se dedicó por muchos años al ciclismo y compitió en varios eventos e incluso alguna vez, había ganado la Vuelta a Ecuador.

“En la Vereda de donde soy, cuando yo era niño la escuela sólo llegaba hasta tercero. Mi abuela quería que yo saliera adelante, así que me mandó a que terminara el colegio en Pasto. Me regalaron una bicicleta, para que pudiera ir a estudiar y yo contento me pedaleaba 19 kilómetros de ida y 19 de vuelta, todos los días.

Pero eso no paró ahí. Cuando terminé el bachillerato, mi abuela insistió en que siguiera estudiando, así que entré al seminario. Fueron 9 años más pedaleando estas montañas. Me quitaba la sotana, por respeto, y pedaleaba. Cuando llegaba, me lo ponía. Allí me enamoré de una monjita, y ya nunca me lo puse otra vez. Nos fuimos juntos…”

Ahora Jorge Emilio participa en una radio llamada El Trigal. Cuando llegó el resto del equipo presentó el proyecto y nos entrevistó. Viajamos pues, además de pedaleando, en el aire por todo Nariño a través de Radio El Trigal.

Nos insistió que fuéramos a la escuela de su vereda y fuimos recibidos con aplausos y emoción. Allí esperamos el paso de los deportistas.

“¡Sí se puede!” Le gritaban todos en coro a los ciclistas que, agotados o por la continua subida, se quedaban atrás del lote.

 Pasto, nuevos encuentros
Coincidimos en Pasto con amigos del Instituto Alexander von Humboldt y la Fundación GAICA. Recibimos su ánimo y conversamos mucho del recorrido que sigue; el paso por el Valle del Patía, sus bosques secos y el interés creciente de investigarlo y conservarlo.

Sabemos que la etapa Pasto -El bordo es difícil, así que ¡a descansar!

Para ver más fotos, clic aquí

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